Una nueva derrota se cierne sobre la clase obrera española a causa de la crisis que ha organizado el capitalismo para arrebatarnos unas condiciones de vida y trabajo ya de por sí precarias para la gran mayoría de los trabajadores, especialmente de la generación más joven.
Argumentan para proceder a esta manera diciendo que hay una dualidad en cuanto a derechos, de manera que hay unos trabajadores con contrato antiguo y derechos a una indemnización por despido de hasta 45 días por año y otros, generalmente los de nuevo ingreso al mundo al mundo del trabajo que no tienen ningún derecho y para igualar a todos se les ha ocurrido quitar sus derechos a los que aún les quedan en lugar de aumentárselos a los que no los tienen.
Para justificar esas reivindicaciones, los sindicatos empresariales necesitaban una crisis como la que han creado y poder justificar lo que de otra manera le hubiera sido mas difícil.
Las crisis no las dan los árboles, ni vienen acompañando a la lluvia, las crisis las organiza el capitalismo para conseguir algún objetivo. Todos sabemos el entorno histórico y económico que vivimos; los llamados países emergentes, los llamados, (BRICH) Brasil, Rusia, India Y China, no tienen ese modelo de sociedad llamado estado de bienestar, ni quieren implantarlo; los EE.UU nunca lo han tenido y por tanto no solo no piensan implantarlo, sino que piensan que Europa es un mal ejemplo para el resto del mundo. Igual que ese estado de bienestar fue un ejemplo frente al antiguo comunismo y fue utilizado como herramienta para su derrota, ahora que ese comunismo no existe ya no hace falta la citada herramienta y el dinero que cuesta mantenerlo quieren los capitalistas destinarlo a la cuenta particular de sus resultados.
El nuevo gobierno, cual copia del anterior, ha instado a los sindicalistas de los empresarios y de los trabajadores a que alcancen un acuerdo para pactar una nueva reforma laboral, con la condición que signifique la pérdida de los pocos derechos que aún queden a los trabajadores, de lo contrario el gobierno convertirá por decreto ley las reivindicaciones de los empresarios en norma de obligado cumplimiento, sometiendo a los sindicatos de los trabajadores a un chantaje y a un callejón sin salida, porque o bien alcanzan un acuerdo con los empresarios que favorezca a estos, teniendo en cuenta que hay 5.000.ooo de parados que son usados como chantaje por una de las partes de la negociación o la reforma laboral se convierte por decreto ley en norma de funcionamiento de la economía.
Desde hace ya tiempo se nos quiere hacer creer, que eliminar los pocos derechos que aun les quedan a los trabajadores, es una medida imprescindible para salir de la crisis. Todas las empresas de propaganda de la patronal (lo que algunos llaman medios de comunicación, y todos los voceros a sus servicio) nos vienen tratando de convencer de ello, presentándonos la citada reforma laboral como el bálsamo de fierabrás que curará los males de nuestra economía. Cualquier persona medianamente informada del país donde vive, sabe que los males que padecemos no tienen mas curación que creando empresas tecnológicamente avanzadas, es decir, industrializando el país, labor que debíamos haber comenzado hace muchos años, si hubiéramos tenido gobiernos sensatos y empresarios emprendedores, pero de ambas cosas hemos carecido históricamente.
Básicamente; la reforma laboral que proponen es la congelación de los salarios, la pérdida de derechos de antigüedad y la ausencia de normas que obliguen al empresario a cumplir unos pactos en cuanto a salario y jornada de trabajo.
Es asombroso para mí el observar, que mientras adoptan medidas tendentes a esclavizar aun mas a los trabajadores, estos lo toman de forma completamente pasiva sin actuar con medidas contundentes en defensa de sus derechos y condiciones de vida.
Los tres pilares básicos de eso que conocemos come estado de bienestar son el derecho universal a la educación, la sanidad públicas y el sistema de pensiones; pues bien, estas tres cosas tan importantes del área pública, están en su objetivo el convertirlas en negocios privados, privando así a una parte importante de la ciudadanía de unos derechos adquiridos desde hace muchos años. La parte dela economía que entre todos aportamos para mantener esos derechos pretenden enriquecerse ellos solos despreciando los derechos y el mínimo bienestar de los ciudadanos demostrando una vez más el carácter de una clase capitalista insolidaria e inútil. Hay que abandonar las mesas de negociación de las que siempre salimos derrotados para retomar la calle y luchar por nuestros derechos, cosa que nunca debimos haber dejado de hacer, pues ser derrotado sin luchar es vergonzoso y cobarde.

