Algo que debería imponerse en la enseñanza a los niños, cuando todavía son muy pequeños, es la de aprender a ser decentes. Y decencia es ser honesto. Y decencia es no aprovecharse de los demás en beneficio propio. Y decencia es tener respeto y valoración de los demás.
La verdadera educación para la ciudadanía prescendiría de todos los artilugios innecesarios y hasta muchas veces impropios y hasta dañinos, para centrarse en enseñar y aprender al mismo tiempo a vivir en paz con los demás, haciendo justicia y siendo justos, porque sin justicia no puede una sociedad vivir en paz.
Si todos aprendiéramos y ejecutáramos el ser decentes, al menos construiríamos un mundo más humano para los demás y para nosotros mismos,

